Argel, moderna calidez

Argel, moderna calidez

- A un paso de España, la capital menos conocida –turísticamente hablando– del Magreb ofrece todo al visitante. Buenos hoteles, clima mediterráneo, playas sin agobios y un paseo por su rica historia.

De las tres grandes naciones que conforman la zona del Magreb, quizás es Argelia la menos conocida para el gran público. Túnez y Marruecos le superan en promoción turística desde hace años, pero en los últimos tiempos, esta antigua colonia francesa situada en el norte de África ha ido ganando enteros en la lucha por un tipo especial de visitante, aquel que busca aventura, descanso y tradición árabe. Su capital, Argel, dispone de todo esto, además de encontrarse, literalmente, a un paso de avión de España.

Nada más llegar al aeropuerto Houari Boumèdiene, situado a unos 20 kilómetros de la capital, puedes comprobar la modernidad de sus instalaciones, de las mejores del continente africano. Pero el aeropuerto no es lo único impregnado de modernidad en Argel. En los últimos 15 años, la infraestructura hotelera ha crecido sostenidamente. Las grandes cadenas hoteleras ya cuentan con sus complejos, dotados de todas las comodidades y situados estratégicamente en la zona del litoral mediterráneo.

Una vez ubicados en nuestro hotel, son muchas las opciones que se despliegan ante nosotros. Si es tiempo de playa, no hay que dudarlo ni un segundo: de cabeza en busca de la arena y el mar, un mar de aguas cristalinas con un curioso color azul claro o esmeralda. En la zona oeste se encuentran el Club de los Pinos y Moretti, las dos playas más internacionales.

No hay que olvidar la Costa Turquesa, situada en la zona este, donde predominan las calas rocosas y la vegetación típica mediterránea. Más populares aún son las arenas de Coronel Abbas, unas playas usadas masivamente por las familias en el verano, donde es todo un espectáculo contemplar el bosque polícromo que forman las pintorescas tiendas de campañas de los veraneantes locales.

La Ciudadela, laberitos y mercados

Para el visitante que llega a Argel es asignatura obligada recorrer la Casbah, que en árabe significa ciudadela. Se trata de un antiguo recinto amurallado, a modo de fortín para aislarse de ataques del exterior. Es la denominada ciudad vieja de Argel, asentada sobre las ruinas de la antigua Icosium. La leyenda cuenta que Argelfue fundada por Hércules, el mítico héroe griego, con el nombre de Icosium. Sin embargo, otros investigadores indican como probable que los fenicios realizaran su fundación.

La Casbah fue el primer distrito denominado con un nombre árabe, una pequeña ciudad que, construida sobre una colina, desciende hacia el mar. Desde lo alto de la colina dominan las construcciones de los siglos XVII y XVIII. A destacar las mezquitas Djemmá El Djeald (1660) y Ketchaoua (1794). Pero la más antigua es Djemmá el Kebir, que se levantó durante el siglo XI.

La fama internacional de esta zona de Argel ya ha sido avalada por la UNESCO, cuando la declaró Patrimonio de la Humanidad en el año 1992. Sus típicos callejones estrechos y zigzagueantes dominan con su color blanco, lo que explica por qué la ciudad fue bautizada como “Argel la blanca” desde tiempo atrás.

La Casbah y sus peculiares recovecos han fascinado a más de uno, y entre ellos se cuenta el mismísimo Le Corbusier, quien la definiera como “una entidad arquitectónica y urbanística admirable… es también la ciudad más poética para quien la sabe mirar”.

Para los aficionados a las compras, los zocos o mercados resultan de un enorme atractivo, con infinidad de tiendas pequeñas que ofrecen cualquier tipo de mercancía. Alfombras, teteras, cuero, ropa árabe, souvenirs, especias autóctonas y un largo etcétera de productos locales. Todo al alcance de la mano y con el encanto del regateo típico del comerciante árabe, y generalmente por un precio final más que aceptable. Si no eres amigo del regateo, mejor no vayas.

Pero si te animas, un par de recomendaciones. Ve armado de paciencia y sin prisa, un buen regateo puede durar hasta 20 minutos. Madrugar puede tener “premio”. Hay una regla no escrita entre los comerciantes: el primer cliente tiene que comprar algo; en caso contrario, la jornada será negativa. Al entrar en una tienda, llévate la mano al corazón; con este gesto estás saludando y anunciando que llegas en paz. Además, sirve para abrir la vía de la transacción con expectativas inmejorables.

La ciudad moderna

Al igual que Casablanca, la auténtica capital económica de Marruecos, Argel tiene un marcado acento francés en lo que se denomina la zona nueva. Construida durante la ocupación francesa, su aspecto es totalmente europeo, con amplios bulevares, numerosos cafés, un teatro de ópera, museos. El contraste es grande y puede chocar inicialmente al visitante, pero los habitantes de Argel han sabido aunar modernidad e historia en poca distancia.

Y hablando de historia, no dejes de visitar el Museo Nacional del Bardo, que exhibe una singular muestra de piezas etnográficas y prehistóricas. Cerca de este se encuentra el Museo Nacional de Antigüedades Clásicas y Musulmanas, que alberga esculturas romanas, mosaicos y una exposición de arte islámico. Otra parada obligada es el Museo Nacional de Bellas Artes, con una importante colección de pinturas orientales del XIX.

Un detalle relativamente reciente es la línea de metro que está funcionando desde con 14 trenes de última generación y de fabricación española. En el próximo año se unirán tres líneas de tranvías, según adelantó el Ministerio de Transportes.

Viejos encantos

Durante los tiempos del Imperio Romano, Argel fue un puerto muy próspero, al punto de ser considerado como conexión neurálgica para el transporte de mercancías por la zona del Mediterráneo. De esta época se conservan restos arqueológicos de las que fueran las tres colonias romanas más importantes en la actual Argelia: Tipasa, Djémila y Timgad, todos bien conservados debido al clima seco del desierto.

La proximidad del Sahara, el desierto más grande del mundo, significa otro atractivo más para el que llega a la capital argelina. Varias compañías locales han establecido rutas concretas hacia el sur, donde, además de travesías en vehículos todoterreno o en camellos, se pueden realizar visitas a las pinturas rupestres de Tassili y viajes de convivencia con las comunidades nómadas tuareg.

La ubicación geográfica de Argel lo sitúa como trampolín hacia municipios cercanos con mucho encanto y fáciles de visitar durante el día. Son los casos de Zeralda y Tipasa. El primero es un tradicional pueblo marinero que históricamente fue un asentamiento de los nómadas. En el segundo sobresalen sus excepcionales ruinas romanas, como la necrópolis, así como también sus vestigios fenicios, paleocristianos y bizantinos.

Hay un refrán típico de la Kabilia –una de las regiones de Argelia con población autóctona berebere– que habla de la amabilidad y hospitalidad de sus gentes y que reza así: “Nadie es extranjero en esta tierra”. De hecho, entre los bereberes existe la convicción de que un extranjero debe ser bien recibido y atendido hasta que se marche, porque podría ser un espíritu enviado por los dioses para poner a prueba su hospitalidad, y esta tradición ha permeado a todo el pueblo magrebí. De modo que si te decides a visitar la capital argelina, seguramente podrás disfrutar de este trato generoso y, por la misma razón, te resultará difícil abandonar esta encantadora ciudad.

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