Celaya: campo llano, relieve plutónico de tierra fecunda

Celaya: campo llano, relieve plutónico de tierra fecunda

Artículo: Manu Espinosa Nevraumont (@manumanuti)

Fotos: Manu Espinosa Nevraumont (@manumanuti) y Arturo López Hernández (@imjustafox)

 

Celaya, antigua Nattahí, como las flores bellas que crecen allí, significa en hebreo, según el lingüista Beda, “voz que eleva…” Yo, sin embargo, voy más de acuerdo con el cronista Herminio Martínez, cuando explica que el nombre de la Ciudad de Celaya viene del vasco ‘Celai’, que significa prado, campo, pradera o pastizal, y que probablemente haya dado también origen a la palabra “cielo”, un prado etéreo donde pastan las nubes y los sueños.


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Ciudad de campo, Celaya frondosa, su relieve es plutónico de tierra fecunda: cereales y fruta, frijol y maíz, membrillos, y uvas. Sus arboledas son truenos verdes clavados en el suelo: ahuehuetes, mezquites, y sauces. Ramas y hojas en duelo onstante.

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Es por la riqueza de la tierra, que también la gastronomía es prolífica, sobre todo en sus mercados como el folclórico “Cañitos de barrio”; con la divina -deliciosa- trinidad de las “Tes”, tacos, tamales y tortillas en todas sus variedades; recetas volátiles que parecen hechas de aire: buñuelitos de viento, tos de gringo y hasta pedos -o suspiros- de monja. Y, parecería hasta una redundancia, la cajeta, que como dulce coincidencia, se encuentra inmortalizada en el escudo de armas de Celaya: “De forti dulcedo”, de lo fuerte brotó la dulzura. Por esto y más, Guanajuato es Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica en 2015.


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De día, en el centro histórico -colonial, barroco y neoclásico- se contempla la gente que va y viene, hombres y mujeres, mientras se disfruta de un café de grano tostado. Ellas con sus aluzalomos y faldas largas, muy pocas con “jalaperros” -minifaldas- y ellos  con sus chamarras gruesas en invierno, matafríos, su abrazo -camisa- de franela y sus jeans oriundos: “pantaleones”. De noche, una visita a la ex Hacienda de San Juanico que aún conserva la esencia histórica en sus recovecos coloniales, con sus arcos menguantes, sus árboles seniles y sus lámparas nostálgicas. Actualmente es un bar-restaurante todo el año, y en diciembre es sede de la Gastro Beer Fest, una celebración que enaltece la cultura gastronómica y las cervezas artesanales mexicanas.


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Hay que beberse también un vino ancestral guanajuatense de la Sierra de Santa Rosa. El bajío mexicano ha redescubierto recientemente su tradición colonial vitivinicultora, que sitúa, entre muchos otros, al legendario cura Miguel Hidalgo como un héroe de la patria y de los viñedos, viticultor incipiente de esta bebida gustosamente embriagadora. Finalmente, llegando la madrugada, uno puede desnocharse con un par o más de tequilas o mezcales, y acabar bien “pedernales”, como dictan los modismos de Celaya.


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Esta ciudad también se colma de artistas que se reúnen en el corazón barroco de esta ciudad: El  ex-convento de San Agustín. Este edificio es la actual sede de La Casa de la Cultura de Celaya “Francisco Eduardo Tresguerras”, donde todo los días ponen libros a la venta y organizan eventos celebrativos de todas las bellas artes.

 

El panteón municipal acoge públicamente a todos los difuntos celayenses que hasta 1890 se peleaban por un espacio de ultratumba en los sobre demandados panteones de las iglesias. Aquellos desdichados sin dinero para financiar un digno descanso eterno, eran enterrados por sus familiares en los corrales de las gallinas o a pleno campo, en la “tierra bruta”.

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También en este lugar, se encuentra el Museo de las Momias de Celaya, donde se exponen, en vitrinas iluminadas, infelices y secas por toda la eternidad, decenas de cadáveres que se resistieron, involuntariamente, a la descomposición post-mortem, bacteriana, natural.

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Finalmente, este año (2015) se celebra el centenario de las Batallas de Celaya, enfrentamientos violentos y beligerantes  entre los ejércitos del General Francisco Villa y del General Álvaro Obregón, que tuvieron lugar entre el 6 y el 15 de abril de 1915. Obregón, “El Manco de Celaya” o “El Perfumado” -como lo apodaba burlonamente Villa-  se impondría al ejército de la División del Norte, asestando un golpe letal a las aspiraciones Villistas, y marcando un hito  consumatorio del movimiento revolucionario en México. Por este histórico motivo, de febrero a octubre se desarrollarán en Celaya más de 160 actividades culturales, artísticas, culturales y gastronómicas.

 

Adiós Celaya, tengo que volver a casa, me voy y te dejo, pero me llevo una bolsa con más cajeta que recuerdos, el libro de Herminio con tus memorias, y un par de amigos nuevos.

 

 

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