El hombre que inventó la sidra de hielo

El hombre que inventó la sidra de hielo

Cuando en 1989 Christian Barthomeuf tuvo la idea de usar las técnicas que se utilizan en el vino de hielo para elaborar la primera sidra de hielo en Quebec, sus vecinos pensaron que era un excéntrico.

Pocos imaginaban entonces que, 10 años después, este excepcional producto se convertiría en una de las historias de éxito de la alimentación orgánica en Quebec y en Canadá, y por lo cual obtendría reconocimiento internacional.

Hoy, Barthomeuf es uno de los principales productores de esta floreciente industria. Su trabajo se basa en técnicas de producción sencillas y una observación meticulosa de los ciclos de la naturaleza.

Las manzanas con las que se elabora la sidra son orgánicas. Fotos cortesía: Roberto Pedraza Ruiz.

Las manzanas con las que se elabora la sidra son orgánicas. Fotos cortesía: Roberto Pedraza Ruiz.

Así, mientras gracias a este visionario muchos negocios familiares asesorados por él han salido a flote, el turista se ve beneficiado por el tesón de este amante de lo sencillo con las catas que, de mayo a octubre, se ofrecen en su propiedad, www.saragnat.com.

Este lugar, que luce rebosante de vida, era un espacio casi vacío en 2002, cuando Barthomeuf lo adquirió para comenzar a elaborar sidra de hielo. Diez años después, los insectos volvían a poblarlo. Ahora, una gran cantidad de pájaros, así como coyotes, zorros, zorrillos y mapaches, son visitantes frecuentes.

Pese a que en 2007 obtuvo el reconocimiento de la Fundación de la Sidra, en Asturias, España, a Barthomeuf no le interesan las medallas ni los concursos. Para él es suficiente saber que su producto es de altísima calidad.

Premio Fundación de la Sidra 2007.

Premio Fundación de la Sidra 2007.

Con una producción de ocho mil botellas al año, asegura ser el productor de sidra de hielo más pequeño del mundo.

“Podíamos tener una producción más grande, pero preferimos hacer algo pequeño y orgánico, donde tres personas vivimos de esto”, cuenta orgulloso.

Junto a sus 700 manzanos crecen ciruelos y cerezos silvestres, diez variedades de perales, maples y álamos, así como papas, girasoles, frambuesas, cebada y trigo. Y, bajo ellos, una cama de helechos habla de la riqueza de los nutrientes del suelo. Al contrario que muchos, Barthomeuf no corta la hierba y las flores, pues es donde habitan los insectos, como las catarinas, que se comen a los gusanos a los que les gustan las manzanas.

Christian Barthomeuf en su finca de Clos Saragnat.

Christian Barthomeuf en su finca de Clos Saragnat.

Pese a que sus 20 variedades de manzanas tienen más de 200 años de antigüedad y esto las convierte en verdaderos tesoros, el productor solo utiliza ortigas, tisanas y equisetos en maceración para combatir las plagas.

“No hace falta nada más. La naturaleza es más sabia que nosotros, solo hay que saber observarla”, apunta.

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