Feria en Sevilla

Feria en Sevilla

- En Sevilla, 15 días después de Semana Santa, todos los caminos conducen a la Feria. Si estás planeando viajar a la capital andaluza, procura que sea durante los días de fiesta.

La Feria, como todos los buenos propósitos, comienza el lunes dos semanas después de Semana Santa. Ese día, o más exactamente esa noche, se da inicio a lo que los sevillanos llaman el alumbrao, ya que es el momento en que se encienden las luces del arco principal que da entrada al recinto ferial, o también la noche del pescaíto, porque los familiares y amigos de las casetas se regalan una cena inaugural de fritura de pescado, de preferencia traído ese mismo día de Sanlúcar de Barrameda.

El recinto ferial es una especie de ciudadela emplazada en una superficie de un millón de metros cuadrados en el Barrio de los Remedios. Allí, más de mil casetas inundan de color, música, baile, abundante comida e igual cantidad de vino el de por sí festivo espíritu de la ciudad.

Hay casetas públicas, aunque la mayoría son “privadas”, según un particular sentido de la propiedad: quiere decir que han sido alquiladas por familias o grupos de amigos para compartir con sus conocidos e invitados de fuera.

Para la mayoría de forasteros, sin embargo, esto no suele ser un problema. El carácter alegre, generoso, gregario y expansivo de los sevillanos hace difícil que un venido de fuera no acabe conociendo al amigo del amigo de alguien con caseta. Y si no, pues tampoco viene mal por una vez poner a prueba nuestras habilidades sociales. Así que, resuelto este trámite con simpatía y buen humor, lo que toca es divertirse.

La vestimenta es otro asunto que puede poner ante un ameno dilema al forastero. ¿Cómo vestirse? Los sevillanos tienen sus trajes típicos. Las mujeres, tengan 10 años, 25 o 70, suelen optar por esos vestidos coloridos llamados trajes de sevillana, o de flamenca, con pliegues o volantes en su parte inferior, y que los hay de muchos tipos y colores. Una sevillana lo explica así: “El de flamenca es uno de los pocos trajes regionales que se van renovando por épocas, como la moda. Un año se lleva con lunares y al siguiente predominan los lisos; a veces los ves con volantes en los brazos y otras veces, no; de talle alto o talle bajo. El traje es una expresión de la coquetería, y la coquetería, como sabemos, cambia”. Los que no suelen cambiar son los accesorios: junto con el traje, vestirse de sevillana incluye llevar también flores o peinetas en la cabeza, mantoncillos sobre los hombros, zarcillos, pulseras y collares de colores vivaces que vayan a juego con el vestido. ¿Y los zapatos? Pueden ser de tres tipos: los de tacón para bailar, zapatillas de esparto o botas de montar, llamadas aquí botos camperos.

Los hombres son menos dados a vestirse según los cánones de la fiesta. Con todo, los que lo hacen van impecablemente “vestidos de corto”, o lo que es lo mismo, con sombrero cordobés, camisa blanca plisada, chaqueta corta, pantalones de tiro alto y botos camperos. En ningún caso, sin embargo, la vestimenta típica es obligatoria. Uno puede ir con vaqueros y zapatillas. El único inconveniente es que, ya puestos a elegir una caseta para pasar la velada, no faltará un bromista que le sugiera las de las organizaciones sindicales, famosas entre otras cosas porque en vez de música flamenca suelen poner heavy metal o punk extremo en su versión hardcore.

Comer y beber

Como en toda fiesta, hay verbos que marcan el ritmo de las actividades. En la Feria son estos dos.

El primer verbo, vivamente conjugado en la Feria de Sevilla, es comer. Cada caseta es como un bar de tapas donde se puede encontrar desde croquetas hasta tortillitas de camarones, pasando por una amplia variedad de frituras de pescado, tortillas de patatas, migas, gazpachos y postres como los mantecados y los soplillos.

Finalmente está el acto celebratorio por excelencia: brindar por la fiesta, la camaradería, el reencuentro con los amigos o lo que sea, pues para alzar una copa en la semana de la Feria nunca faltarán los buenos motivos. Las bebidas típicas son el vino fino en todas sus variedades y el rebujito, que resulta de combinar una medida de manzanilla con un poco de refresco gaseoso blanco y mucho, mucho hielo.

Caballos a la tarde

Sevilla, como todas las provincias de Andalucía occidental, es tierra de caballos, jinetes, domadores y, en general, de una arraigada cultura ecuestre. La Feria no es la excepción. A lo largo del día, uno se topa con hermosos ejemplares que, individualmente o en parejas, en carruajes con enganche, son llevados de aquí para allá dentro del recinto.

La mejor hora para apreciarlos, sin embargo, es al atardecer, cuando se los llevan de vuelta a las caballerizas y su elegante andar, iluminado por la luz rojiza del cielo y los farolillos de colores que comienzan a encenderse entre las casetas, da origen a un bello espectáculo que los sevillanos llaman la retirada.

Por todo esto, merece la pena ir a Sevilla entre el 19 y el 25 de abril. Una vez instalado en la ciudad, disfrutar de la Feria es tan fácil como salir a tomar el aire: todos los caminos conducen al recinto.

Los mejores hoteles de Sevilla están en Viajacompara.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>