Gabriela Vargas Romero: Huertos que sanan comunidades

Gabriela Vargas Romero: Huertos que sanan comunidades

Por: Rosi Amerena Amigo

La agricultura urbana lleva alimentos sanos a la mesa de las personas y nos enseña a valorar la naturaleza y el trabajo de quienes viven en el campo. Los huertos son laboratorios vivos, y al utilizarlos como instrumentos didácticos para niños, jóvenes y adultos, Gabriela Vargas encontró su vocación.

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“A largo plazo veo la posibilidad de crear un marco legal que haga factible construir huertos urbanos en espacios públicos. También quiero producir material didáctico para llevar nuestros conocimientos a un mayor número de personas. Por otro lado, me interesa mucho profundizar en la terapia hortícola y diseñar programas que puedan replicarse en otros lugares, como hospitales e instituciones que trabajan con niños, jóvenes y adultos mayores”.

 

¿Cómo surgió tu interés por los huertos urbanos?

Desde chica me sentí conectada con la naturaleza y tuve experiencias muy significativas. En 1993 tuve la oportunidad de trabajar en un intercambio de educación ambiental entre Chiapas y Minnesota; durante tres meses tuvimos actividades en plena naturaleza y eso cambió por completo mi visión del mundo. En ese entonces trabajaba como fotógrafa, y cuando regresé a la vida de la ciudad hice muchos cambios en mis hábitos personales. Años después me convertí en mamá y me distancié de la fotografía en su faceta comercial. Empezó a interesarme mucho más la nutrición y buscaba productos orgánicos y saludables para darle de comer a mi hija.

La vida me llevó a tomar un curso de agricultura urbana, y en la ventana de mi departamento hice mi primer huerto. En la Ciudad de México tenemos un clima ideal para sembrar huertos urbanos. Descubrir cómo florecía una lechuga fue algo asombroso y quise compartirlo. Me cayó el veinte de lo desconectados que estamos de la naturaleza y de nuestra alimentación.

¿Nos puedes platicar un poco el proceso de tu primer proyecto?

El proceso se inició de manera espontánea en mi casa, para educar a mi hija, y eso me llevó a querer enseñar a otros niños de dónde proviene la comida. En ese momento comencé un proyecto en su escuela; era parte de la mesa directiva de padres de familia y surgió la oportunidad de comprar, entre muchas personas, una casa con jardín que estaba junto al colegio. Ahí empezó el primer proyecto de huerto escolar: jugábamos y al mismo tiempo educábamos a través de los huertos.

He trabajado ya con diez escuelas, desde kínder hasta secundaria y preparatoria. Si una persona crece o aprende en espacios verdes, genera un vínculo con la naturaleza, de cuidado y protección hacia ella. Si en verdad queremos regenerar el planeta, debemos estar conectados con la naturaleza en todos los niveles. Por eso es indispensable la educación a través de espacios verdes.

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¿Qué te llevó a querer compartir todo este aprendizaje?

He tenido experiencias muy intensas. Empecé los huertos gracias a mi hija Valentina en el año 2000, y en 2003 tuve otro hijo llamado Lucas. A los 10 meses descubrimos que tenía un tumor cerebral muy agresivo, y luego de 11 meses falleció. Aunque fue muy difícil, quise encontrar lo que debía aprender de esa experiencia, convirtiéndola en un proceso de transformación y aprendizaje intenso.

Creo que la vida te manda lo que puedes. Poco después de que Lucas falleció inicié un proyecto llamado Sembradores Urbanos. Organicé una venta de garaje en donde vendí casi toda mi casa, para cambiar la energía, y tomé un curso en donde conocí a Caro y a Lily, mis socias en el proyecto. Así empezamos el centro de la Romita, que para mí fue como tener otro hijo.

Todos sentimos un llamado desde nuestro corazón que debemos cumplir, y el mío fue reflexionar sobre el vínculo de la salud (y las enfermedades) con la alimentación. La experiencia que viví me dio mucha más claridad y fuerza para enfocarme en el tema de la agricultura urbana y en la posibilidad de cambiar el mundo desde mi trinchera.

¿En qué consistía el proyecto Sembradores Urbanos?

Comenzamos Sembradores Urbanos en un espacio público en la Colonia Roma, ahora conocido como el Huerto Romita. Fue el primer espacio en el país enfocado a la agricultura urbana, donde se daban talleres abiertos y había actividades comunitarias como cocinar los productos que cosechábamos. El Huerto Romita cubría 80 m² y duró seis años. En 2009 iniciamos el Huerto Ródano, de 400 m², localizado en Circuito Interior y Mariano Escobedo. Torre Reforma, Fundación Dondé y Reforestamos México patrocinaron el proyecto, y se estableció un huerto y un vivero de producción de árboles. El espacio fue muy productivo: se obtuvieron más de ocho mil árboles frutales, y en el área de composta se procesaban desechos locales. Fue un gran ejemplo de huerto urbano a mediana escala. Ahí ofrecimos talleres a grupos de vecinos y capacitamos a los empleados de la delegación para que replicaran el proyecto.

¿Qué es Cultiva Ciudad?

Es un proyecto que nació tras muchos años de experiencia. Nuestra misión es “transformar comunidades, educando con conciencia a través del desarrollo de proyectos integrales de sustentabilidad urbana”. El principal eje de acción es la regeneración de las comunidades, recuperando espacios (públicos y privados) y desarrollando programas integrales de agricultura urbana a pequeña y mediana escala.

Diseñamos proyectos integrales, que incluyen el diseño participativo del huerto urbano, sistemas de composteo comunitario y capacitación para el personal de mantenimiento. Desarrollamos un programa enfocado a la integración de la comunidad local a través de talleres y eventos que fomentan su participación y la apropiación del proyecto.

Creemos que la agricultura urbana es un medio educativo, productivo y terapéutico que reconecta a las personas con la naturaleza y con su alimentación, brinda un sentido de responsabilidad colectiva, genera comunidad y promueve la soberanía alimentaria.

Mencionas con énfasis el Huerto Tlatelolco, ¿qué es?

Es un proyecto que se realiza en alianza con las autoridades de la delegación Cuauhtémoc, con quienes desarrollé los proyectos Romita, Ródano (Vivero Urbano Reforma) y Tlatelolco. En el gobierno vieron el potencial del Huerto Ródano y quisieron replicarlo, me llevaron a recorrer distintos espacios y así llegué al terreno que hoy es el Huerto Tlatelolco. Cuando lo conocí, la mitad estaba llena de cascajo y en la otra había árboles frutales. Tomé una granada de uno de los árboles, la probé y de inmediato vi el potencial del lugar.

El terreno tiene 1650 m², y para comenzar sacamos más de 120 camiones de cascajo. El huerto se localiza sobre Reforma, colinda con una escuela secundaria y es parte de la unidad habitacional Tlatelolco. El huerto es un espacio que educa, inspira y muestra lo que puede hacerse, para que la gente lo repita en otros espacios.

Erigimos un ejemplo de bosque comestible urbano aprovechando los treinta árboles frutales del sitio e integrando otras especies de plantas perennes. El huerto se ha construido poco a poco, invitando a la comunidad a participar en el proceso. Ahora buscamos generar recursos para construir un salón, un taller-cocina donde se preparen los alimentos recién cosechados.

¿Cómo construyeron el huerto y que hay de los desechos orgánicos?

El huerto se construyó con materiales reciclados o de desecho. Somos expertos pepenadores y mi camioneta es multiusos. Nos gusta trabajar con material de recuperación, e incluso invitamos a la gente a que nos ayude a construir. Tenemos un baño seco, que creo es el único con estas características funcionando en la ciudad. Usamos aserrín, cascarilla de café y tierra.

Con respecto a los desechos en la ciudad, en los huertos Romita, Ródano y Tlatelolco tratamos de establecer un espacio donde la gente pueda traer sus desechos orgánicos. Lo ideal es que cada persona haga una parte de la composta en casa. Es importante comenzar a ver la basura como un recurso, algo con la capacidad de transformarse.

 

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¿Cómo funciona la agricultura urbana como herramienta de transformación social?

Su potencial para reconectarnos con nuestra alimentación es inmenso. Tocar la tierra y estar en contacto con los ciclos de vida restablece el vínculo instintivo con la naturaleza. Hoy las personas pasan mucho tiempo dentro de sus casas u oficinas, conectadas a la computadora. Estar al aire libre y trabajar en un huerto urbano es distinto: te relaja, disminuye la ansiedad y la violencia, y mejora tu tolerancia a la frustración porque te obliga a ser paciente para observar el crecimiento de una planta. Es una experiencia de aprendizaje significativo.

Cada vez más personas viviremos en las ciudades del planeta; la situación para quienes producen la comida en el campo no es sencilla, y tampoco es sostenible en términos ecológicos, culturales y económicos.

¿Puedes platicarnos del proyecto Come de tu Cuenca?

Come de tu Cuenca surgió en 2013 para promover la cultura de consumo local a través de eventos que se celebran en alianza con chefs distinguidos, restaurantes y una red de productores que crean menús inspirados en productos locales y de temporada. La Ensalada Urbana, por ejemplo, se cosecha directamente de la tierra, y el público que participa vive una experiencia gastronómica única al degustar alimentos sanos y sustentables, preparados con ingredientes en verdad frescos. Con los ingresos se apoya el desarrollo de proyectos socioambientales, como el Huerto Tlatelolco.

Gaby Vargas a futuro… ¿cuál es tu objetivo?

Aunque suene muy ambicioso, con los huertos busco generar una cultura. Cuando empezaba mi carrera me preguntaban qué hacía y contestaba: agricultura urbana. En ese momento no entendían nada, y en cambio ahora es algo presente en la ciudad. Me gustaría que este modelo se replicara en varios espacios y que existiera un Huerto Tlatelolco en cada delegación.

A largo plazo veo la posibilidad de crear un marco legal que haga factible construir huertos urbanos en espacios públicos. También quiero producir material didáctico para llevar nuestros conocimientos a un mayor número de personas. Por otro lado, me interesa mucho profundizar en la terapia hortícola y diseñar programas que puedan replicarse en otros lugares, como hospitales e instituciones que trabajan con niños, jóvenes y adultos mayores.

Más información:

www.cultivaciudad.com

info@cultivacuidad.com

Huerto Tlatelolco Entrada al huerto Huerto Tlatelolco 

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