Gran Vía, corazón de Madrid

Gran Vía, corazón de Madrid

- Es la calle más famosa de la capital española. Si las piedras hablaran, sus aceras y edificios nos contarían un sinfín de historias de amor, de éxitos, de desencuentros, de fracasos, de ilusiones, de emociones, de pasión…

Cualquier madrileño que se precie, de nacimiento o de adopción, ha pasado buena parte de su vida entre Alcalá y Plaza de España, o lo que es lo mismo, en plena Gran Vía. Y para cualquier visitante que llegue a la capital dispuesto a desentrañar sus secretos, esta amplia avenida es, además de una parada ineludible, una base de operaciones sin igual desde la que puede uno sumergirse en la historia y las anécdotas de Madrid.

Junto con el barrio de Salamanca, la Gran Vía fue el gran proyecto urbanístico de finales del siglo XIX en Madrid. Sus razones de ser comprendían varios objetivos: la necesidad que había entonces de liberar la Puerta del Sol de la congestión de carruajes a la que estaba sometida diariamente –misión que, todo sea dicho, se cumplió sólo en parte durante algunas décadas, hasta la llegada masiva del automóvil a nuestras vidas–; restablecer la comunicación entre los prósperos barrios de Argüelles y Salamanca a través del centro de la ciudad; eliminar calles y casas insalubres, lóbregas y antihigiénicas, y por último, enlazar las estaciones de ferrocarril de Príncipe Pío y Atocha, acortando considerablemente las distancias y mejorando la circulación excesiva por los lugares más céntricos de Madrid.

La Gran Vía no sólo supuso una importante operación de cirugía plástica sobre la ajada superficie urbana, sino que asistió a la inauguración de una nueva era de los transportes urbanos en Madrid con la llegada, en 1919, de la primera línea de metro, que conectaba las estaciones de Sol y Cuatro Caminos con parada en la por entonces Red de San Luis.

Por aquellos tiempos, la calle no existía todavía como Gran Vía, sería un año después cuando adoptara ese nombre. Desde un principio, esta gran avenida, símbolo e icono del nuevo Madrid del siglo pasado, atrajo también una animada vida comercial. Fue en la Gran Vía donde se abrieron, en 1934, los primeros grandes almacenes de Madrid, la SEPU (Sociedad Española de Precios Únicos), un lugar al que acudían a diario cientos, miles de madrileños, en busca de artículos que a menudo no podían encontrar en otros comercios.

Siguiendo su estela, muchos otros comercios con grandes escaparates convirtieron esta avenida en un concurrido centro de compras, y fue aquí también donde nacieron, en los años cincuenta, las famosas rebajas. Pero la Gran Vía ha tenido muchos nombres a lo largo de su vida. En sus orígenes, al ser concebida como una misma vía pero con tres tramos confluyentes, cada uno tuvo su propio nombre: Eduardo Dato, Pi y Margall y Conde de Peñalver. Poco antes de la Guerra Civil, dos de esos tramos pasaron a denominarse avenida de la CNT.

Durante la guerra, se llamó Avenida de Rusia en un primer momento y luego de la Unión Soviética, mientras que el tramo de Eduardo Dato se llamó Avenida de México. Con el final de la guerra adoptó un único nombre: Avenida de José Antonio, en referencia a José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange. En 1981, el consistorio cambió ese nombre por el actual de Gran Vía que, por otro lado, ha sido con el que se ha conocido popularmente a esta avenida desde sus orígenes hasta nuestros días.

Al hacer desaparecer muchas calles pequeñas del centro de Madrid, la Gran Vía vino a sustituir unas formas de vida y de actividad comercial establecidas desde hacía décadas. No faltó la polémica entre los partidarios de la nueva avenida y los que deseaban conservar las estrechas callejuelas que hasta entonces existían, pero el progreso era imparable y, a pesar de las polémicas, a partir de los años veinte la Gran Vía representó la versión madrileña de lo que podemos llamar calle-escaparate, una moda que se había desarrollado en otros países europeos y de la que eran ejemplos calles como la Rue de la Paix (en París), Regent Street (en Londres) y Leipziger Strasse (en Berlín), o la imponente Galleria Vittorio Emmanuelle de Milán.

En aquellos años veinte destacaron sobre todo las joyerías, las camiserías de lujo, los tapiceros, los comerciantes de seda y los modistos en general. Después, la Guerra Civil alteró la vida comercial en la Gran Vía, como alteró la vida en general en todo el país, aunque muchos establecimientos –en especial los ubicados en sus primeros dos tramos– permanecieron abiertos durante la guerra y alguno conserva aún impactos de metralla en su fachada. Después de la guerra, los dos primeros tramos de la Gran Vía –desde Alcalá a la Plaza del Callao– se convirtieron en el principal punto de atracción por su abundancia en cines, tiendas y cafeterías, y la avenida se constituye en el paseo más de moda del centro de Madrid, como reflejaba el famosísimo chotis Madrid del mexicano Agustín Lara.

Sin embargo, fue la apertura en enero de 1934 de la SEPU, los primeros grandes almacenes que de verdad triunfaron en Madrid, lo que contribuyó al éxito comercial de la calle. Tras la Guerra Civil –que afectó sobre todo al último tramo de la avenida, desde Callao hasta Plaza de España– se establecieron en la zona varios comercios de tejidos y el gremio de libreros con la Sociedad General Española de Librería a la cabeza, a la que se unirían poco después las primeras agencias de viajes, locales dedicados a la maquinaria y a los automóviles, y una multitud de cafés, bares, restaurantes y tertulias.

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