Helsinki, a la mesa con los vikingos

Helsinki, a la mesa con los vikingos

- Ir a esta lejana tierra es realizar un viaje por las entrañas de la cultura gastronómica de los herederos de la cultura escandinava

La capital de Finlandia, Helsinki, es la ciudad escandinava más olvidada y misteriosa de las que fueron las tierras de los terribles vikingos, un imperio que duró casi 300 años, aproximadamente desde 790 a 1066.

Con su millón trescientos mil habitantes, Helsinki es hoy una de las capitales más modernas, cosmopolitas y multiétnicas de Europa. No es difícil recorrerla y muchas guías incluso aconsejan hacerlo a pie o alquilando una bicicleta.

Pero si hay un ámbito en el cual Finlandia parece haberse congelado en el tiempo es el de su cocina. Y no tanto porque ésta no haya sufrido alteraciones, que sí las hubo, sino porque permite aún viajar a las épocas en las cuales los finlandeses eran una tribu de pescadores, comerciantes y guerreros.

El visitante puede probar un ejemplo de estas sensaciones en la plaza del mercado de la capital finlandesa, la Kauppatori, donde todos los días llegan los más típicos pescados de las gélidas aguas del Báltico y de los casi 200 lagos que hay en Finlandia. Aunque los puestos de venta al público están disminuyendo con el paso de los años, es aquí donde aún se pueden comprar bocadillos de pescado barato y fresco de la mano de un barbudo kalastaja, un pescador local, y comérselo tranquilamente admirando dos de los edificios más bellos de la capital finlandesa, la catedral ortodoxa de Uspenski y el palacio del presidente de Finlandia.

En la zona del parque Esplanadi se encontrarán las más populares cafeterías de Helsinki, en las cuales no se pueden dejar de probar los pulla, bollos de trigo, así como los más variados pasteles a base de manteca. Estos últimos son elaborados en su mayoría en Dinamarca, un país que comparte su pasado con Finlandia ya que también formó parte, hace 10 siglos, de los feudos de los vikingos.

“Son especialidades que engordan pero a las cuales no renunciamos”, asegura Aino, un joven camarero de 27 años mientras sirve las mesas.

A nivel de golosinas, los salmiak son seguramente los príncipes de los caramelos finlandeses. Están hechos a base de menta diluida en un licor casero y vodka y es posible que no gusten de entrada, pero no son fáciles de encontrar en otros países y los finlandeses los comen como tractores en cualquier momento del día y de la noche.

“No es difícil vernos mientras estamos a punto de acabarnos un paquete de caramelos”, admite riéndose Teresa, una guía de  29 años, cuyos rizos dorados y ojos azules revelan sus orígenes. “¡Por suerte, en Finlandia, son muy populares las saunas que nos ayudan a diluir el nivel de los azúcares en nuestros cuerpos!”, explica la joven.

Al mediodía, que es el horario de la comida más importante para los finlandeses, conviene explorar las callejuelas entre la estación de trenes de Helsinki y la Senatorri, la plaza del Senado (que reconocerán porque allí está ubicada la neoclásica catedral luterana de Helsinki), donde se encuentran la mayoría de los restaurantes.

Pese a que los finlandeses son también grandes amantes de las comidas extranjeras, en particular las asiáticas, el Tex Mex y kebabs árabes, es posible encontrar aquí menús tradicionales para almorzar, a precios contenidos, en medio de grupos de silenciosos pero amigables locales.

En materia de platillos fuertes, el príncipe de los manjares finlandeses es la famosa mesa de entremeses nórdicos Smörgasbord, que consta de los dos principales alimentos de la dieta finlandesa, carne y pescado, así como de ensalada verde.

Otra opción es alejarse del centro de la ciudad para buscar sitios especializados en cocina de otras regiones de Finlandia.Tanto hacia el sur de Helsinki, en las cercanías de las terminales de ferries, como en el oeste de la capital finlandesa, hay comedores en los cuales los visitantes más atrevidos podrán saborear carnes de alces y reno, muy populares en la región finlandesa de Laponia, en el extremo norte del país. En estas tabernas, los acogerán camareros sencillos y austeros, en medio de ambientes en los que prevalecen las maderas, mobiliarios antiguos y, en algunos casos, camareros en trajes locales.

Pero si es verano o un día cálido de primavera, el viajero también puede imitar a los locales y partir hacia las decenas de islas adyacentes a Helsinki, entre ellas la isla fortaleza de Suomenlinna, patrimonio cultural de la Unesco y que atrae tanto a finlandeses como turistas en los días soleados. Aquí hay puestos de mariscos que enloquecen a los habitantes de Helsinki.

En cuanto a las bebidas, las rígidas temperaturas de Finlandia –que pueden alcanzar los 30 grados centígrados bajo cero en invierno en las zonas más norteñas del país– han hecho de los finlandeses unos grandes bebedores de vinos y cervezas de alta graduación (Karhu, Koff y Lapinkulta son algunas de las principales marcas), así como de una amplia selección de licores y vodkas. Todos son comercializados a través de la cadena pública Alko y se pueden encontrar en cualquier supermercado o restaurante de las principales ciudades del país.

No todo es la capital

La oficina de turismo finlandesa propone rutas muy variadas para recorrer las poblaciones que se sitúan en los alrededores de la capital, como una visita a la ciudad de Turku, la más antigua de Finlandia.

Esta población de estilo medieval, que está situada en la costa suroriental de Finlandia, vive alrededor del río Aurakori, que es el verdadero centro neurálgico del pueblo y en el cual están situados una serie de barcos-restaurantes que ofrecen menús tradicionales así como platos de origen extranjero.

Otro recorrido que permitirá al viajero probar la cocina de Finlandia es el viaje en el barco de vapor costero hasta la pintoresca ciudad de Porvoo, en dirección opuesta a Turku, ya que se encuentra en la parte noroccidental de la península finlandesa.

Aunque algunos posiblemente se horrorizarán ante la idea, aquí es posible saborear comidas a base de caracoles, que son criados en la zona y se preparan en las más variadas maneras.

Tras disfrutar de este paraje y sus especialidades, y aprovechando que Finlandia es uno de los países más verdes de Europa, es recomendable seguir hasta la región de los Lagos.

En Lappeenranta, que es la principal ciudad de la región de los Lagos, hay varios puestos de comida en los cuales no se puede dejar de comer el vety, un tradicional bocadillo relleno de jamón, huevos y mantequilla. Tras rellenar su estomago, los visitantes podrán observar una de las más importantes fortalezas de Finlandia. Un monumento a la historia entre oriente y occidente que ahora alberga pequeños museos, graciosos cafés y tiendas de artesanía.

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