La ciudad de los dioses

La ciudad de los dioses

La antigua ciudad de Teotihuacán es uno de los sitios arqueológicos más importantes de nuestro país. De acuerdo a datos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en agosto de este año, esta ciudad recibió la visita de más de 200,000 personas. Ya sea por su cercanía con la capital del país o el misticismo que envuelve a la ciudad, es uno de los atractivos turísticos principales de México.

Pero ¿qué es aquello que tanto atrae a turistas nacionales y extranjeros hacia este enigmático lugar? Seguramente la fascinación que nos provoca se debe a que, a pesar de los constantes estudios que se han hecho, aún no sabemos con certeza quién y cómo construyo este antiguo complejo. Cuando los aztecas llegaron al Altiplano Central se encontraron con una imponente ciudad de piedra, ya en ese entonces se encontraba abandonada y debido a su grandiosidad, en su lengua le dieron el nombre de Teōtihuācan, que traducido del náhuatl significa “lugar donde se crearon los dioses” o “ciudad de los dioses”. Como su nombre lo indica, los mexicas consideraron que una obra de tal magnitud no habría sido construida por nadie más que los dioses, capaces de erigir pirámides de ese tamaño.

De acuerdo a la mitología azteca, fue aquí donde el sol y la luna fueron creados; se reunieron todos los dioses para discutir quién alumbraría el mundo. Uno de ellos, Tecuzitecatl, quien era rico y poderoso decidió tomar el cargo y preguntó quién más lo haría. Al no responder nadie, fue Nanahuatzin, un dios pobre y humilde, quien se ofreció para la tarea. Comenzaron entonces sus oraciones, mientras que el resto de los dioses obsequiaron al dios rico un hermoso plumaje de quetzal y un lienzo, mientras que al humilde le ofrecieron una estola de papel. Terminadas las oraciones, los dioses encendieron un fuego y ordenaron a Tecuzitecatl arrojarse, pero se acobardó. Cuando llegó el turno de Nanahuatzin, éste cerró los ojos y se arrojó. Al verlo, el dios rico hizo lo mismo. Entonces esperaron los dioses a ver qué parte de cada uno verían salir del fuego. Miraron hacia el Oriente y vieron a Nanahuatzin resplandecer tanto que era imposible verlo, su luz era cálida y poderosa, también el segundo dios era brillante, pero uno de los presentes le arrojó un conejo a la cara y su potencia disminuyo. Así se crearon los astros y los dioses decidieron morir para darles vida y movimiento. De modo que los habitantes decidieron erigir un templo a cada uno, como muestra de admiración y respeto; la Pirámide del Sol y la Luna.

Como podemos ver, la cosmogonía de estos pueblos es mágica.  Existen diversas hipótesis sobre su apogeo y decadencia, aunque realmente no se sabe con certeza qué ocurrió con exactitud. Quizá nunca lo sabremos, pero estos centros antiguos seguirán fascinando a miles de personas. Se cree que en este sitio existe una carga energética, que también atrae a miles de turista cada año que vienen con el propósito de capturar y llenarse de esa energía positiva. Como sea, nunca dejemos de visitar estas ciudades de los dioses, no sólo por el beneficio económico, sino por todo el conocimiento que podemos adquirir al visitar.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>