Las Palmas de Gran Canaria, una ciudad mítica

Las Palmas de Gran Canaria, una ciudad mítica

Leyenda y realidad pasean juntas por las empedradas calles del casco antiguo de Las Palmas. Descubre la ciudad de la mano de personajes como Cristóbal Colón o el pirata Francis Drake; tienen mucho que contarte.

Era una noche clara, de luna creciente. A lo lejos se divisaban tres majestuosas carabelas con nombre de mujer. “Buena es la que va, mejor es la que viene…” gritó alguien desde el fondo del barco. Era la voz de un joven grumete y todos sabían lo que significaba: cambio de guardia. Corría el siglo XV y la vida de los marineros, por aquel entonces, estaba regida por una formalidad casi monacal. No pensaban su tiempo en horas, sino en guardias y relojes de arena a los que le daban la vuelta cada media hora. Desde su camarote, Cristóbal Colón, cerraba su cuaderno de bitácora. A lo lejos, divisó tierra firme. Eran Las Palmas de Gran Canaria.

La llegada de Cristóbal Colón

La Pinta, La Niña y La Santa María llegaban así a Gran Canaria, rumbo a aquel viaje a las Indias que acabaría, en realidad, en el continente americano. No fue por casualidad: los vientos alisos y las corrientes marinas que llevan hacia el poniente pasan por este archipiélago, ubicado a 210 kilómetros de la costa africana y a 1.250 de la península ibérica. Dicen que la parada de Colón y su tripulación fue meramente técnica, para efectuar unas reparaciones en el timón de La Pinta y cambiar las velas de La Niña. Pero marcó el destino de esta ciudad de casi 400.000 habitantes que pasó de ser una creciente villa azucarera a la urbe cosmopolita que es hoy, mezcla de culturas y modernidad, de realidad y fantasía. Playas doradas y cumbres majestuosas sirven de telón de fondo a Las Palmas, hoy por hoy, la ciudad más populosa de las Islas Canarias, además de su capital, titularidad que comparte con Santa Cruz de Tenerife. Toda su vida, y también su historia, están escritas en las calles empedradas de Vegueta (casco antiguo), en las vidrieras de la Catedral, en los más de 2.000 cráneos prehistóricos del Museo Canario y hasta en las modernas tiendas de la calle Triana. Pero sobre todo en los patios y estancias centenarias de la Casa de Colón. Insignias, cartas náuticas e instrumentos de navegación, trasladan al visitante en el tiempo para vivir una de las aventuras más fascinantes de la historia, que se inició aquí, en el límite del mundo conocido por aquel entonces, la última parada en “tierra segura” antes de enfrentarse a los secretos y peligros del gran océano.

El mar y el Atlante

Una mujer de piedra volcánica, de casi nueve metros de altura, nos lo recuerda. Es el monumento El Atlante, obra del artista canario Toni Gallardo, inspirada en la desaparición de la mítica Atlántida. Cuenta la leyenda que el gran continente de la Atlántida era dominio de Poseidón, dios del mar, y estaba habitado por los atlantes, un pueblo poderoso y guerrero, el más avanzado del mundo. Pero se volvieron avariciosos y quisieron descubrir los secretos de los dioses, por lo que Zeus los castigó enviándoles volcanes y maremotos. En una sola noche, la Atlántida fue destruida y sepultada bajo el mar, según dicen, justo ahí, frente a esa mujer rocosa que con los brazos abiertos le rinde culto al Atlántico, en la entrada norte de la ciudad de Las Palmas.

Desde aquí puedes bajar a descubrir la otra parte de la urbe, esa que respira mar por todos sus poros. Tu primera parada puedes hacerla en el Auditorio Alfredo Kraus, y desde ahí, caminar por la calle de las Canteras, que discurre paralela a la playa que lleva el mismo nombre, considerada una de las mejores del país. Al final encontrarás La Isleta y el Castillo de la Luz, principal defensa de la ciudad desde que fue construido en el siglo XVI. Desde aquí se disparó contra piratas como Francis Drake y John Hawkins, cuando pretendían desembarcar en Las Palmas con la intención de saquearla. Por esta zona, no dejes de pasear por el Puerto de la Luz, la playa de las Alcaravaneras y los siete kilómetros que recorren la Avenida Marítima de esta ciudad que descansa en brazos del Atlántico, sobre el que ha construido su historia, sus leyendas y el carácter mágico de sus gentes.

Una ciudad legendaria

Si al misticismo del mar le sumamos su condición de islas, su origen volcánico y su situación en los confines del mundo habitado y conocido en la antigüedad (limítrofes al reino de los muertos y plagado de monstruos submarinos), ese que sólo unos pocos aventureros como Colón osaban sobrepasar, encontramos en las Islas Canarias el caldo de cultivo perfecto para una vida plagada de leyendas, que ha quedado reflejada en la mitología grecolatina. No en vano se ha identificado las islas con los Campos Eliseos, el Jardín de las Delicias y el mismísimo Paraíso. Las leyendas hablan de un lugar con un clima eternamente primaveral, cuyos campos producen toda clase de alimentos y frutos, sin necesidad de trabajo, y en donde unas ninfas –las Hespérides– custodian, junto con un dragón, un maravilloso jardín en el que está la esencia de la inmortalidad y que produce manzanas de oro; en donde las almas de los bienaventurados llevan una existencia edénica, libres de preocupaciones… por lo que no hay ninguna duda de que en estos parajes está el ansiado Paraíso.En lo de la “eterna primavera” no andaban muy desencaminados nuestros ancestros. Un estudio reciente realizado por la Universidad de Siracusa (EUA) revela que Las Palmas, con sus 21 grados de temperatura media anual, es la ciudad con mejor clima del mundo. Y por supuesto, tampoco se equivocaron en lo del “Paraíso”. Basta una visita a Las Palmas para entender que la vida aquí es realmente un regalo de los dioses.

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