Mahón, lo secretos de una ciudad

Mahón, lo secretos de una ciudad

Llegar a Mahón, la capital de la isla de Menorca y extraviarse por sus calles es comenzar una aventura que siempre termina en alguna leyenda, en el asombro ante la diversidad de su arquitectura, en la intimidad de una calle de adoquines o ante la belleza del Mediterráneo.

Al comienzo de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), los franceses atacaron la fortaleza inglesa de Saint Philip, en el puerto de Mahón, capital de la isla de Menorca. El ataque, al mando del Duque de Richelieu y del regimiento de la March, comandado por el coronel Rochambeau, era una operación regular del ejército francés y se contaba con el papel decisivo de la artillería para conseguir la victoria.

Rochambeau era el encargado de hacer que sus piezas convencieran a los ingleses de la ventaja francesa. Fue un asalto rápido, eficiente, donde apenas se registraron bajas entre los galos. Para festejar el éxito de la operación, el Duque de Richelieu ascendió a general de brigada a Rochambeau y organizó un banquete en su honor.

En el menú se incluyó una salsa, recién creada por el chef de Richelieu, preparada con huevo y aceite de oliva. En realidad, la receta original debía llevar crema, pero al no contar con ella en la alacena, tuvo que sustituirla por el aceite y así nació una nueva creación culinaria. En honor del triunfo en el puerto de Mahón la salsa fue llamada “Mahonnaise”. Con el paso del tiempo se le llamó mayonnaise y luego se castellanizó como mayonesa.

Hoy en día pocos recuerdan aquella batalla, sin embargo, la salsa aún goza de fama y popularidad internacional y aparece en platos de las cocinas más disímiles. Y su nombre no deja de rendir tributo a la ciudad que le dio origen, Mahón.

En cualquier punto de la geografía del Mediterráneo, la arquitectura, el rostro de las personas que cruzamos en la calle, la temperatura de la luz, parecen indicarnos un mismo camino hacia el pasado. En Menorca el viaje apunta hacia los primeros navegantes, la conquista, el contrabando y la memoria de un pueblo que es, a su vez, una mezcla de culturas centenarias y entreveradas. Llegar a Mahón, la capital de la isla, y extraviarse por sus calles es comenzar una aventura que siempre termina en un sitio diferente de la memoria.

Sus habitantes recomiendan comenzar esta visita por el puerto. El Port de Maó (escrito en catalán) define a la ciudad. La mejor manera de bajar a él es por la cuesta de la pescadería, junto al Parque Rochina. En este punto, uno de los más bellos de la ciudad, se entrelazan la visión de los jardines del parque con la del mar, de un azul intenso, frente a nosotros. Esta cuesta en espiral está diseñada entre dos acantilados, a nuestra izquierda queda la parte más antigua de la ciudad, con el Ayuntamiento y la Iglesia de Santa María. A la derecha, la Iglesia del Carmen y el antiguo convento.

Antaño, esta zona entre los acantilados fue el barrio de pescadores de Maó. Hoy podemos ver en las paredes de éstos, restos de cuevas y la cruz que marca el sitio donde estuvo la parroquia de Sant Pere, el patrón de los pescadores.

Yendo hacia la izquierda, hacia Sa Colársega, nos encontramos con diversos establecimientos comerciales. Estos edificios aún conservan buena parte de sus viejas fachadas. A partir de la Estación Marítima, encontramos el edificio de la Eléctrica Mahonesa, construido en 1892  y la primera central eléctrica de Baleares; la fábrica de Gin Xoriguer, donde aún se elabora esta ginebra típica de Menorca, y, al final del puerto, el S’Hort Nou, un pequeño y hermoso parque que data del siglo XVIII, que posee una doble escalera hasta la Costa de ses Piques, uno de los ascensos a la ciudad desde el paseo marítimo.

A la derecha del Parque Rochina aún se conservan antiguos almacenes, alguno de ellos, con las portaladas ensanchadas para permitir el acceso de las barcas. Nos sorprende en el recorrido un viejo edificio, la Minerva, un antiguo aserradero de vapor.

Al otro lado de la riba del puerto, podemos ver una gran casona roja, el Sant Antoni o Golden Farm, donde la fantasía popular ha ubicado los amores entre el almirante Lord Nelson, comandante de la Batalla de Trafalgar, y Lady Hamilton, por entonces, la joven esposa del embajador británico en Nápoles.

Es muy recomendable la visita a los islotes del puerto. Centenares de leyendas, edificios y rastros arqueológicos aguardan al visitante. Frente al propio Parque Rochina se dibuja la Isla Pinto, antigua zona de astilleros, arsenal y hoy, base naval.

Navegando hacia el centro, divisamos un islote conocido como la Isla del Rey. Éste fue el primer lugar donde el rey Alfonso III de Aragón puso pie tras conquistar y arrebatar Menorca a los musulmanes en 1287.

Hacia la boca del puerto, hallamos una isleta más pequeña, conocida como Isla Plana o Isla de Cuarentena, ya que en época inglesa sirvió como lazareto. Actualmente es dependencia de la base naval.

Ya en la propia boca, justo delante de Es Castell, podemos ver la Isla Lazareto. Una antigua península convertida en isla mediante un canal artificial. En este sitio entre los siglos XVIII y XIX se alojó uno de los más importantes lazaretos del Mediterráneo occidental. En esta isla se encuentra la sede de la Universidad de Verano de Menorca.

Una vez recorridos los islotes y el puerto de Mahón, la visita tiene una cita obligatoria con la ciudad, con sus hermosos rincones, con la belleza de sus edificios, con sus calles recoletas y con la cordialidad de sus gentes.

Un itinerario a través de los encantos de Mahón podría comenzar en el Ayuntamiento, un edificio de 1613, en el que cabe destacar la Sala Noble, su luz veneciana y la Galería de Menorquines Ilustres creada el siglo pasado.

Luego nos espera el Principal de Guardia. Este edificio fue destinado a cuerpo de guardia por los ingleses durante el siglo XVIII. Fue remodelado por el propio Ayuntamiento en 1786 y, entonces se le incorporó el color rojo que lucen sus fachadas en la actualidad y  el ornamento con trofeos militares.

De seguido tenemos la iglesia de Santa María, construida en el emplazamiento de una iglesia gótica del siglo XIII. El interior es de inspiración neogótica y tiene un órgano monumental, de gran calidad artística, construido en 1810 por el suizo Kyburz, uno de los mejores fabricantes de estos instrumentos.

En la Plaza de la Conquista, detrás de la Iglesia de Santa María, encontramos una estatua erigida en 1850 en memoria de Alfonso III, obra del escultor catalán Federic Marés.

También en la Plaza de la Conquista se halla el antiguo palacio setecentista de la familia Mercadal, construido sobre edificaciones medievales. Hoy acoge la Biblioteca Pública y el Archivo Histórico.

Junto a la propia plaza se encuentra el Mirador del Pont des Castell. Este mirador ofrece una excelente vista del puerto y del nacimiento de la ciudad antigua y es sitio de visita obligatoria para los fotógrafos que arriban a la ciudad.

Sobre los terrenos de la antigua muralla, se encuentra la Iglesia y Convento de la Concepción, un convento de clausura bajo la advocación de la Inmaculada Concepción.

La calle de Isabel II concentra el mayor número de casas señoriales construidas en Mahón durante el siglo XVIII. La historia y la vida social de la ciudad están recreadas en los frescos de sus techos y paredes, y su arquitectura nos habla de un antiguo esplendor económico, producto de la intensa actividad comercial del puerto.

Al final de la calle, la Iglesia de Sant Francesc nos recibe con su fachada maciza y la decoración de arcos y columnas elicoidales y el estilo barroco de la su capilla de la Concepción. Junto a la iglesia se encuentra el Museo de Menorca. Un antiguo convento franciscano de un bello estilo barroco.

Subiendo la cuesta de la calle S’Arraval, hallamos el Pont de Sant Roc, único resto de la muralla que guardaba la ciudad. Ésta era la puerta por la que salían los caminos hacia el interior de la isla, en dirección a Saint Climent y Ciutadella. Su construcción data, probablemente, del siglo XIV. El portal es de estilo gótico.

Una vez que dejamos atrás el Pont de Sant Roc, topamos con una iglesia a la derecha, de la época medieval, una ermita de extramuros. Es la Iglesia de Sant Antoni. Actualmente luce una hermosa fachada de líneas neoclásicas que data de 1790.

En la Carrer (calle) de Sant Roc destacan las casas señoriales de la familia Vidal y la del baró de Las Arenas. Esta última conserva su fachada y los balcones originales, de inspiración barroca francesa. Las restantes son ejemplo de la arquitectura urbana mahonesa.

El Teatro Principal fue construido según los esquemas y la decoración de los teatros italianos, por el arquitecto y cantante Giovanni Palagi, en 1829. Esta sala ha acogido a las más importantes figuras mundiales de la ópera y en la actualidad es sede de la afición isleña al bel canto.

Situada en la calle Cos de Gracia, la Iglesia de la Concepción fue construida en 1749 por la colonia griega establecida en Mahón, dedicada al rito ortodoxo bajo la advocación de San Nicolás de Bari. Esta iglesia está diseñada en planta sobre la figura de una cruz griega y es de estilo bizantino.

Llegamos a la Plaza del Príncipe, atravesando la calle de Anunciavay, en la que se ubican la mayoría de las casas ochentistas de Mahón. En esta plaza cabe destacar la casa Soler, construida a finales del siglo XIX y hoy ocupada por el Casino Mahonés, así como la casa Martorrell, remozada por el arquitecto Francesc Femenies en 1913 y sede del Ateneo de la ciudad.

Avanzando por el Camí (camino) des Castell hallamos la antaño Casa des Poble, también diseñada por el arquitecto Femenies. Esta casa fue bombardeada durante la Guerra Civil y encautada en 1939. Frente a ella se localiza la sede del Consell Insular de Menorca, ubicada en una rica casa decimonónica.

La Iglesia del Carmen nace tras una solicitud de los monjes carmelitas al gobierno inglés, para edificar un convento y una iglesia para su orden en Mahón. El edificio se construyó a lo largo de 70 años, comenzando las obras 1750. Esta iglesia de estilo neoclásico es una de las más espaciosas de la isla. Junto a la iglesia tenemos el Claustro del Carmen, donde destaca el conjunto de ménsulas esculpidas de la planta baja.

Finalmente arribamos al edificio de la pescadería, a pocos metros del Parque Rochina, también obra de Femenies. Data de 1927 y está construido sobre un baluarte del siglo XVIII, tiene forma rectangular y un hermoso patio interior, que da acceso a un pabellón central. Junto a este construcción se ubican, además, la Plaza de España con cautivantes vistas del puerto de Mahón y la casa Mir, perteneciente al período modernista de la arquitectura mahonesa.

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