Nueva York, la magia de una ciudad

Nueva York, la magia de una ciudad

- Si este es tu primer viaje a Nueva York, te decimos cómo descubrir la ciudad más fascinante del mundo sin dejarte nada en el cajón de los pendientes. Si ya la conoces, te invitamos a redescubrirla… ¿Te atreves?

Todo parecido con la realidad, en Nueva York, no es pura coincidencia. El séptimo arte se ha encargado de ello. La has visto tantas veces a través de la gran pantalla, que cuando pisas suelo neoyorquino por primera vez sientes que ya has estado allí. Has paseado por la Gran Manzana de la mano de Woody Allen en Manhattan, suspirado frente a la joyería Tiffany de la Quinta Avenida con Audrey Hepburn o reído a carcajadas en el restaurante en el que Harry encontró a Sally y esta le sorprendió con un espectacular y televisado orgasmo fingido. Nueva York es así. Exactamente como la recuerdas: urbana, orgullosa, cinematográfica, glamourosa. Es espectacular y multicultural, además de increíblemente segura y sorprendentemente poco ruidosa. Una ciudad fetiche, que siempre mira hacia arriba y en la que todo es más grande: las avenidas tienen más carriles, los edificios más pisos y los menús más calorías.

Situada en el noreste del país, en la desembocadura del río Hudson, Nueva York es la ciudad más grande de Estados Unidos y su población supera ya los 8 millones de habitantes. Es también uno de los destinos favoritos por excelencia, siempre lo ha sido.

¿Esta es tu primera vez? Te decimos cómo descubrir Nueva York sin dejar nada en el tintero. Para empezar, ponte tu calzado más cómodo y prepárate para recorrer una de las ciudades más espectaculares del mundo.

El corazón de la ciudad

Nueva York es una ciudad de símbolos. La mayoría los conoces ya, forman parte del subconsciente colectivo. A pesar de todo, merecen una visita de cuerpo presente. Porque si algo tiene de grandioso esta ciudad, es que ni siquiera los tópicos defraudan.

Y qué mejor lugar para empezar que la Quinta Avenida. Es la espina dorsal de Nueva York y nos servirá como punto de referencia de esta urbe de calles ordenadas y cartesianas en la que resulta casi imposible perderse. Divide la Gran Manzana en dos partes: East Side y West Side; y desde aquí puedes acceder, además de a las mejores tiendas (Cartier, Prada, Louis Vuitton o Gucci comparten espacio), a los lugares más representativos de la ciudad.

Nuestra primera parada será Central Park, símbolo de la ciudad donde se halla, y sin duda, el pulmón verde de Manhattan, donde cada día se dan cita cientos de neoyorquinos. Yuppies estresados, patinadores sobre hielo, paseadores de perros y actores en pleno rodaje, comparten escenario con turistas curiosos y coches tirados por caballos en este gran espacio democrático al aire libre que recibe 25 millones de visitantes cada año.

Salimos del Central Park y caminamos hasta otro tópico ineludible: el Empire State. El que fuera durante cuatro décadas el edificio más alto del mundo, te ofrece dos exhibiciones impresionantes: puedes subir de día (si está despejado verás la ciudad en todo su esplendor, a más de 100 km de distancia) o cuando empieza a caer la noche y la urbe se transforma en un sobrecogedor esqueleto de luces y colores.

Visitas obligadas en esta misma calle son también el Rockefeller Center, con el teatro Radio City Music Hall (si puedes, cuélate en el programa de Saturday Night Live), la Biblioteca Pública y, por supuesto, la denominada “milla de los museos”, entre las calles 80 y 90. Entrar al MET (Metropolitan Museum of Art) o al Guggenheim es prácticamente una obligación.

Hay vida más allá de Manhattan

Pero ojo, organiza bien tu tiempo, porque hay vida más allá de Manhattan. Y Nueva York se vive caminando. Es, si no la única forma de descubrir las entrañas de la ciudad, al menos la mejor forma de hacerlo.

Puedes descubrir la autenticidad de esta urbe en cualquier esquina: unos lo hacen en un tour organizado a la Estatua de la Libertad, otros colándose un domingo en una misa gospel en alguna iglesia de Harlem (te recomendamos The Abyssinian Baptist Church).

Nueva York es así: la vida palpita a pie de calle. No hay más que ver Times Square. Es el alma de esta ciudad que nunca duerme, un cruce de caminos en donde las luces de neón y los anuncios multimillonarios iluminan la noche neoyorquina. Aquí mismo, en plena calle, puedes comprar las entradas para los musicales de Broadway para ese mismo día, casi a mitad de precio.

Porque si algo debes hacer en Nueva York es ir a ver un musical de Broadway. O de cabaret, si prefieres una experiencia más íntima. O todo a la vez. Porque en Nueva York lo puedes hacer todo a la vez. Es parte de su encanto. Y lo puedes encontrar en cualquier rincón: cruzando a pie el puente de Brooklyn, escuchando jazz en el Café Carlyle, regateando en Chinatown o tomándote un cosmopolitan en un bar de moda del Soho, mientras Robert de Niro cena en la mesa de al lado.

Puedes descubrir la ciudad en los pasillos plagados de historia de la Biblioteca Pública, en la puerta del edificio Dakota (donde asesinaron a Lennon), comiéndote un hot dog en plena calle, frente a Wall Street, o contemplando la imponente línea que dibuja el horizonte desde el transbordador de Staten Island.

Nueva York es una buena historia contada de mil formas diferentes, una misma película rodada mil veces, con distintas lentes y perspectivas, con distintos nombres, pero con los mismos personajes. Nueva York es así, exactamente como la recuerdas.

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