Palma de Mallorca, la perla del mediterráneo

Palma de Mallorca, la perla del mediterráneo

El mar nace y muere en Palma, es parte de su encanto. Aguas cristalinas, extensos arenales y una ciudad que es ya sinónimo de lujo y buen gusto, despiertan los sentidos de los hedonistas más exigentes.

En Palma de Mallorca, mires a donde mires, tu vista siempre se pierde en el mar. No en vano la llaman coloquialmente la Perla del Mediterráneo.

La ciudad de Palma, capital de las Islas Baleares, se extiende como una franja de 15 kilómetros paralela a la costa. Engalanada con glamourosos yates, exóticas palmeras y una catedral a pie de playa, no es de extrañar que alrededor de 400.000 personas (prácticamente la mitad de los pobladores de la isla) hayan elegido Palma como lugar de residencia. El buen tiempo también ayuda: con una media anual de 17,9° C, los mallorquines disfrutan aproximadamente de 300 días de sol al año.

El centro de Palma

María, una de esas amigas de toda la vida, me acompañó y lo primero que hicimos fue alquilar un destartalado Ford Ka y aparcar justo en frente del Paseo Marítimo. Descubrimos una ciudad abierta al mar, una pasarela de glamour, dinero y amor, en donde el olor a salitre se mezcla con la ropa de diseño, los collares de perlas y los trasatlánticos con ojos de buey. Al fondo, pinos y olivos centenarios pintan de verde la postal de la isla.

La primera impresión de Palma es que, indiscutiblemente, es una ciudad que baila al son del turismo. El acento inglés, el alemán y el mallorquín se alzan por encima del español, que es la lengua menos hablada a la hora de pedir un daiquirí en los bares de copas. Pero al adentrarte en la ciudad se abre la caja de Pandora: dejas atrás las bermudas de flores y las sandalias abiertas para descubrir una ciudad histórica, marcada por las tradiciones de los pueblos que con el tiempo se fueron asentando en ella y dándole forma. Fenicios, romanos, bizantinos, musulmanes y cristianos fueron dejando su huella en un impresionante casco antiguo, que presume hoy de ser el más grande de Europa.

Aquí se concentra la vida de la ciudad, en un centro no demasiado grande y en el que todo está cerca. Esto la hace ideal para recorrer a pie. La Plaza de Cort es un buen punto de partida. Visita la pinacoteca del Ayuntamiento y el olivo milenario que es ya un icono del centro neurálgico de la ciudad. Desde aquí, bajando en dirección a la costa, por la calle Palau Reial, se te aparecerá de frente la imponente Catedral de Santa María de Palma de Mallorca, más conocida como La Seu. De estilo descaradamente gótico es uno de los edificios más importantes de esta corriente en Europa. En su interior, no pases por alto las intervenciones de Antonio Gaudí (el baldaquiano del presbítero) y de Miguel Barceló en la capilla del Santísimo. Justo enfrente está el Palacio de la Almundaina, edificio de origen romano, que sirvió de residencia a los valíes musulmanes. En este punto puedes tomarte un café con vistas a la Catedral y hacer algunas compras típicas por los puestos de alrededor o seguir tu visita hacia el casco antiguo: bien hacia los baños árabes (de arquitectura musulmana) o hacia el edificio de la Lonja, construida en el siglo XV y que preside hoy, orgulloso y solemne, el Paseo Sagrera, frente al mar.

Paradas obligadas son también el Pueblo Español (con réplicas de los 100 monumentos más representativos de España) y el Castillo de Bellver, construido en el año 1300 como residencia real y que hoy es la sede del Museo de Historia de la ciudad. Desde lo alto se ve la mejor panorámica de la ciudad de Palma.

Destino para hedonistas

No descubrimos si, como cantaba Raffaella Carrá, Mallorca parecía ser un buen lugar para el amor. Pero, sin duda, Palma es una ciudad para regocijarse, un lugar para los que tenemos alma de ricos o de hedonistas en estado puro. Una ciudad que se abre y despierta los sentidos, que satisface los instintos básicos y algunos de los más placenteros (e inocentes) pecados capitales.

Al de la gula le dimos rienda suelta durante todo el viaje. Por la mañana ensaimadas, por la tarde helados artesanales y por la noche más ensaimadas. Son irresistibles pasteles con forma de espiral elaborados con harina, azúcar y manteca, que se han convertido en el símbolo glaseado de la isla. Las mejores, sin duda, las encontrarás en la pastelería Forn des Teatres, ubicada en la Plaza Weyle 9 (prueba las rellenas de cabello de ángel). Aunque si de gastronomía mallorquina hablamos, tampoco puedes dejar de probar el Pa amb Oli, la sobrasada, el arroz brut, los sopes mallorquines y el tempró. Los mejores barrios para disfrutar de este festín gastronómico son las zonas de la Lonja, el Born, Santa Catalina (barrio de moda) y en cualquiera de los restaurantes cercanos al popular Mercado de l’Olivar. Aquí mismo, en el mercado más antiguo de la ciudad, conocimos a dos encantadoras mujeres de unos 40 años que también viajaban solas, de esas que parece que tienen poco que perder y mucho que enseñar, de esas que cuando uno va, se las encuentra en el camino de vuelta. Charo y Estrella eran una especie de Thelma y Louise, versión española, con las que seguimos el viaje. Fueron ellas las que nos enseñaron que ir de compras también era una buena forma para descubrir la ciudad. Nos quedó muy claro: para productos artesanales (vidrio, cuero, hierro), lo mejor es el Paseo de la Artesanía. Para ropa de primeras marcas: las tiendas más exclusivas del Paseo del Born, la Plaza Joan Carles I y la Avenida Jaume III. Y para comprar las clásicas perlas majorica, aunque lo puedes hacer en cualquier joyería de Palma, nos aconsejaron visitar la fábrica central, que casualmente está en Manacor, pueblo natal de Rafa Nadal, no vaya a ser que nos lo encontremos…

Luego, satisfechas nuestras necesidades primarias (sí, sí: comer y comprar), nuestros cuerpos hedonistas (y los de Thelma y Louise que tampoco se quedaban cortos en la búsqueda del placer) pidieron mar. Así que les dimos mar. Acabamos el día en la Playa de Palma, que es junto a Cala Major, uno de los principales arenales de la Bahía de Palma. Aguas cristalinas, cielo a punto de estallar y un martini de manzana.

Un buen lugar para vivir

No me extraña que los Reyes de España hayan elegido ni más ni menos que Palma de Mallorca para fijar aquí su residencia oficial de verano, en el Palacio Miravent, que por cierto, está cerrado a los curiosos. Y no son los únicos: personajes de la talla de Boris Becker, Claudia Schiffer o Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones hace tiempo que eligieron los escarpados acantilados de difícil acceso de la isla de Mallorca para alejarse del mundanal ruido y del resto de los mortales.

Me pareció ver sus mansiones desde arriba, cuando despegó el avión, y la isla de Mallorca se alzó majestuosa sobre el Mediterráneo, como una maqueta de césped artificial. El mar abrió sus brazos de par en par y poco a poco se fue tragando Mallorca de un bocado. Ahora descansa ahí abajo, junto a viejas historias de romanos y fenicios, junto a nuestro Ford Ka destartalado en alguna playa desierta, junto a los secretos de dos encantadoras Thelma y Louise… a 20.000 leguas de un viaje submarino.

One thought on “Palma de Mallorca, la perla del mediterráneo

  • 3 mayo, 2016 at 5:54 am
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    Palma va camino de ser la ciudad mas cosmopolita y dinamica de todo el mediterraneo occidental, por delante de muchas de las mas importantes capitales europeas, y si no tiempo al tiempo.

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