Real de Catorce, un viaje al pasado

Real de Catorce, un viaje al pasado

Llegar a Real de Catorce es como viajar en una máquina del tiempo y aparecer en un pueblo de forasteros en medio del semidesierto. Para ello, el túnel de Ogarrio, primera cosa con la que se encuentra el visitante, cumple perfectamente esta función de regreso al pasado.

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Todas las fotos: Esther Díaz. Túnel de Ogarrio.

 

Real de Catorce habla de una historia de hombres que llegaron sin nada y encontraron la riqueza en las entrañas de las montañas. Cuenta una historia de españoles pobres que se hicieron ricos y de rocas que, como en los cuentos, se convertían en plata.

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Casa de la Moneda. Solo operó durante 14 meses.

 

Y hoy, aunque una buena parte de todo aquello esté ya derruido y la lámina y el concreto ocupen un espacio que no deberían, el encanto está presente en cada una de las esquinas de este pueblo que pasó de tener 50 mil habitantes a tan solo mil 800 y, durante su apogeo, fue el tercer lugar en el mundo de mayor producción de plata.

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Muchas de las viejas casas han sido convertidas en hoteles boutique.

Durante su decadencia, se salvó de ser fantasma porque algo tan bello no podía quedar en el abandono.

Detalle de una fachada.

Detalle de una fachada.

¿Qué dirían los que vivieron aquí entre los siglos XVIII  y XIX si hoy pudieran echar un vistazo a través de ese túnel del tiempo? Donde ahora hay yucas, matorrales y montañas prácticamente desnudas, antes había pinos y encinos. Sin embargo, la fiebre minera y la construcción de las casas acabaron con una madera altamente valiosa. Entonces, las hogueras eran prioritarias para fundir la roca y extraer el tan preciado metal.

Lo que ahora es un paisaje semidesértico, en el pasado fue un bosque de pinos y encinos.

Lo que ahora es un paisaje semidesértico, en el pasado fue un bosque de pinos y encinos.

A las afueras del pueblo, los indígenas huicholes cuidan del Cerro Quemado. Este cerro está dentro del área de Wirikuta, uno de los territorios más sagrados de su cultura. Por ello, de octubre a marzo, caminan desde Jalisco hasta aquí, donde, según ellos, el sol salió por primera vez.

Gracias a los efectos del codiciado y amenazado peyote, los huicholes pueden recorrer esta distancia en apenas 25 días. Al llegar al Cerro Quemado, se celebra una gran ceremonia alrededor de un círculo donde se señalan los cuatro puntos cardinales.

Un peyote seco.

Un peyote seco.

Sobre los cuatro puntos cardinales se realizan ofrendas y bailes.

Sobre los cuatro puntos cardinales se realizan ofrendas y bailes.

Para llegar hasta este santuario basta con recorrer unos pocos kilómetros a caballo desde Real de Catorce a través del semidesierto. Hacerlo por la tarde es lo más recomendable, pues es cuando los tonos dorados cubren la montaña de una atmósfera muy especial y algunos animales, como los conejos, comienzan a salir de sus madrigueras.

Ofrendas dejadas por los huicholes en el Cerro Quemado.

Ofrendas dejadas por los huicholes en el Cerro Quemado.

Aquí, el silencio y la paz son abrumadoras. Una gran planicie se extiende a lo lejos…

Alrededores de Real de Catorce.

Alrededores de Real de Catorce.

¡Ay, Real de Catorce, cuánto hubiéramos dado por verte en el pasado!

Viejos portones y anchos muros hablan de una época señorial.

Viejos portones y anchos muros hablan de una época señorial.

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