Ribera del Duero

Ribera del Duero

- El breve recorrido por tres bodegas de la Ribera del Duero nos permite degustar algunos de los mejores vinos de esta gran Denominación de Origen.

Valsotillo

Los túneles son inmensos. Se extienden hacia todos lados bajo la montaña en amplias bóvedas esculpidas en la roca. “Aquí no hay vibraciones ni ruidos y la temperatura se mantiene en los once, doce grados todo el año”. Afable y sencillo, pero sin lugar a dudas orgulloso de su legado, Miguel Ángel Arroyo nos conduce a través de un laberinto de barricas y botellas. “Esto permite que los vinos tengan una excelente crianza”.

Estamos en las Bodegas Ismael Arroyo. Mil doscientos metros cuadrados de galerías excavadas en la roca a partir del siglo XVI horadan una montaña a cuyos pies se extiende el pueblo de Sotillo de la Ribera, en el corazón de la Denominación de Origen Ribera del Duero.

A estas bodegas se les reconoce en la Ribera como la catedral del vino y representan una manera exquisita de hacerlo en el estilo más tradicional. En sus viñedos, las cepas crecen de forma natural; no se usan fertilizantes químicos ni riego por goteo y la poda se hace manualmente con tijeras.

En la vendimia, a inicios de octubre, la uva, tinto del país (tempranillo) 100%, se recoge a mano y se deposita en pequeños canastos. Como los viñedos crecen en el término de Sotillo de la Ribera, el trayecto hasta la bodega es breve y la uva no se maltrata. Ahí se inicia el proceso de elaboración separando los granos en la despalilladora para enviarlos enteros a los depósitos de acero inoxidable, donde fermentarán de manera espontánea a partir de las levaduras naturales que contiene la piel de la uva. Para la crianza posterior usan barricas norteamericanas.

Se pone todo el empeño en sacar de modo natural el mayor provecho a estas tierras privilegiadas y lograr esa calidad de uva única que le da su intenso carácter a los vinos de la Ribera del Duero y en particular a los Mesoneros de Castilla (rosado, tinto joven y tinto roble) y al Valsotillo (crianza, crianza magnum, reserva y gran reserva) que se producen en las bodegas Ismael Arroyo.

“Es sencillo –dice Miguel Ángel–, hacemos las cosas como se han hecho durante siglos”. En la cata, al final del recorrido, degustamos el premio a tanta dedicación.

Valdubón

Algo diferente ocurre en Bodegas Valdubón, fundada en 1997. Los creadores del Honoris de Valdubón mezclan el tempranillo (con el cabernet sauvignon y el merlot en este caso) y las prácticas más tradicionales con esfuerzos constantes por crear nuevas y dinámicas variantes en la elaboración del vino.

La experimentación es el sello de la casa y hay énfasis en ello durante todo el recorrido. “Estas son las niñas bonitas de Valdubón”, dice Andrea  Sans, de relaciones públicas, refiriéndose a dos depósitos de acero inoxidable más pequeños que el resto. Ahí ponen a prueba procesos y procedimientos de fermentación para crear nuevos sabores y texturas. Hasta las barricas de roble para la crianza, ya sean francesas o norteamericanas, son evaluadas de diferentes maneras, de acuerdo al resultado que esperan obtener.

Andrea en sí misma transmite y contagia toda la pasión por esta experimentación, siempre renovada con los caldos que se procesan en Valdubón. Fruto de esta mezcla de tradicional esmero combinado con el gusto por lo experimental son el ya mencionado Honoris, que acumula tres medallas de oro en concursos internacionales, además del cosecha, roble, crianza y reserva.

“Los vinos de la Ribera del Duero son reconocidos por su carácter, son intensos, potentes, pero se ha llegado a extremos en ese sentido. En Valdubón buscamos nuevos matices, equilibrio, complejidad y elegancia”, concluye Andrea. Y podemos constatarlo, la cata final del recorrido deja un largo posgusto que nos convence de que la experimentación también es buena, como los vinos que nos presenta siempre Valdubón.

Una tarde lluviosa de principios de febrero quizá no sea el mejor momento para disfrutar el paisaje de viñedos de la Ribera del Duero, desde una colina de Roa, enclave de las Bodegas Durón, pero aun así, la vista es impresionante, y la visita, un poco improvisada, nos deja con ganas de volver a una de esas comidas con vinos y cordero lechal –una especialidad en la Ribera del Duero– que se ofrecen en las bodegas para grupos de turistas.

Con Durón, el Grupo Solar de Samaniego fue una de las primeras bodegas de vitivinicultores de La Rioja en establecerse aquí y apostar por la denominación Ribera del Duero. La búsqueda de viñedos comenzó a finales de los años 70 con el objetivo de elaborar vinos tintos de crianza de largo envejecimiento.

Partiendo de la premisa de que la calidad de la uva es el punto de partida para la elaboración de grandes vinos, Bodegas Durón cultiva sus propias uvas en más de 100 hectáreas de viñedos, lo que garantiza un control total a la hora de elaborar sus caldos. De ahí surgen los crianzas y reservas de Durón (no comercializan vinos jóvenes), que han sido galardonados en numerosas ocasiones. Entre estos premios están el Gran Zarcillo de Oro al Gran Reserva 1991, el Zarcillo de Plata al Reserva 1995 y el Bacchus de Plata al Gran Reserva 1990.

Lánzate a España para probar estos deliciosos vinos, oriundos de las localidades de Castilla y León. Desde luego, lo mejor para tu viaje lo pondrás encontrar en Viajacompara.com, el primer metabuscador mexicano.

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