San Isidro, Patrón de Madrid

San Isidro, Patrón de Madrid

Además de ser patrón de los campesinos y trabajadores, San Isidro es el patrón de la ciudad de Madrid. Mayo es una estupenda oportunidad para ver la capital española vestida con las galas de las antiguas verbenas.

Todas las grandes fiestas populares españolas tienen sabor a algo en particular, las fallas de Valencia saben a pólvora, los Sanfermines a sangre de toro y las de San Isidro a entresijos y rosquillas. Si al llegar a Madrid se siente abordado por el inefable olor de los entresijos y las gallinejas y, además, ve pasar de un lado al otro al paisanaje luciendo los trajes de chulapas y chulapos, entonces quiere decir que ha llegado a las fiestas de San Isidro que se celebran en torno al 15 de mayo, día del Santo y fecha central de las celebraciones. Así que prepárese a disfrutar de la imagen más espectacular que se tiene de España fuera de ella: baile, toros, comidas, vinos  y alegría a borbotones.

San Isidro es el patrón de Madrid y fue canonizado el mismo día junto a Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y San Felipe Neri. Su propia esposa también fue beatificada con el nombre de Santa María de la Cabeza y uno de los testigos de este proceso fue Lope de Vega en persona, a quien se le atribuyen versos de admiración y loa por uno de los milagros de San Isidro: la fuente que abrió con un golpe de azadón en la orilla opuesta del río Manzanares. Precisamente la fuente milagrosa es uno de los sitios a visitar durante las fiestas, ya que se encuentra en la Ermita que en 1528 mandó a construir la Emperatriz Isabel de Portugal tras la curación del Emperador y su hijo Felipe de unas fiebres con el agua de la fuente.

Junto a esta ermita se encuentra la pradera de San Isidro que antes y ahora es el centro de las celebraciones religiosas y mundanas. Que Madrid se haya convertido en una gran urbe transcultural no impide cada año la ciudad abrirse aún más al visitante esta vez con el espíritu pueblerino y pendenciero que aún nos cautiva de la literatura del Siglo de Oro y que la diferencia tanto del resto de Europa. Los madrileños son felices comiendo bien, bailando, cantando, viendo los toros y saben que son admirados por este aspecto que ha marcado la cultura de otros continentes. Es en este lugar, en la pradera, al lado de la Ermita y en lo alto de la colina desde la cual se ve la ciudad, donde se centra lo más pintoresco como si cobrara vida el cuadro La pradera de San Isidro, de Goya, Don Paco “el sordo”, como le decían los vecinos de entonces.

A la vieja usanza, luego de la misa, el día 15, la gente de distintas condiciones se junta para bailar, beber y comer de forma tradicional como se viene haciendo hace más de cuatro siglos. No faltan las colas para beber de la fuente milagrosa la mejor agua, ya sea para ablandar garbanzos, curar calenturas y bautizar. Se baila al ritmo de chotis y organillo letras que la gente corea mientras siguen con elegante parsimonia los movimientos de una danza que nadie hace mejor que los más viejos, tal vez “gatos”, como suele decirse de quienes son madrileños por generaciones. De cualquier manera no se avergüence el visitante si alguien se le acerca y le invita a marcar un paso de chotis, le puedo asegurar que es una experiencia sensorial inolvidable.

El aire transparente de esta colina se llena de olores a comidas que en cualquier parte podrá probar el paseante y aunque reinan las fritangas no faltan la tortilla de patatas, las calderetas y el ilustre cocido madrileño; además de los dulces como las rosquillas de santos “tontas” y “listas”, que son la versión antigua de los donuts. Mientras la música de los chotis se mezcla con los barquilleros y organilleros que pasean entre la gente, algunos de los cuales pasan invitando a un chato de vino. Hoy día, lamentablemente, no faltan en alguna parte esos ruidos de feria moderna con música enlatada, pero eso no impide que pueda vivirse el éxtasis de adentrarnos en un mundo que no ha cambiado mucho aunque haya tenido que ir adaptándose a los nuevos tiempos.

Los que sientan pereza por subir hasta la pradera o su entorno no se sentirán decepcionados si permanecen de este lado de la orilla del Manzanares. También aquí se puede decir: “De Madrid al cielo”. Una de las zonas de mayor movida actual, de las más extensas y recomendables coincide con la ruta mortal y de santo del patrono de la ciudad. Los céntricos barrios de La Paloma, Latina e incluso Lavapiés están impregnados del espíritu festivo en los que se mezcla la alegría de todos los días con la particular de honrar a San Isidro. Además, cada año se organiza una rica y variada programación cultural tradicional y moderna que tiene en cuenta a todos los públicos y edades en espacios abiertos y cerrados de toda la ciudad. Tampoco podía faltar en las fiestas más castizas un cartel de lujo de la Feria Taurina de San Isidro en la plaza de toros Las Ventas, la mejor del mundo.

El que llega a Madrid en esos días tiene muchas opciones de donde escoger, aunque lo mejor posiblemente sea pasarlo al aire libre en lugares donde se mezcla la tradición y lo moderno. En ese caso Las Vistillas es una de las mejores sugerencias. Posiblemente no muchas personas sepan que desde ese balcón natural asentado justo al lado izquierdo del Viaducto, en la Calle de Bailén, se pueden presenciar los mejores atardeceres de la ciudad de cara al Manzanares y la Casa de Campo, lugar donde en tiempos antiguos el santo Isidro dio a conocer sus primeros milagros. Allí en esta época todas las noches se instala una curiosa mezcla de chulapas y chulapos que van a exhibir sus galas y a bailar al son de los chotis y otras músicas con jóvenes y turistas que buscan esparcimiento en la multitud o en los jardines que rodean la zona en los cuales, por cierto, hay un monumento a la Violetera y un busto del pintor Ignacio Zuloaga. Desde luego que para el viajero conservador, los hoteles son la primera opción. Hay hoteles económicos con tarifas accesibles. La herramienta de Viajacompara.com es una buena alternativa para encontrar el que se ajuste a tu presupuesto.

Si nos quedan ganas todavía podemos ir cerca de allí a los Jardines de Sabatini o la Plaza Mayor, inaugurada el mismo día en que se inició el proceso de beatificación de Isidro. También podemos caminar hasta la Plaza de San Andrés, donde vivió y murió el santo, para descansar del ambiente tradicional entrando a uno de los espacios de mayor actualidad de la bohemia nocturna desde la Cava baja a Puerta Cerrada o a la plaza de la Cebada, o si se quiere atravesar la calle del Almendro abrevando en excelentes sitios de tapas y vinos. La pradera de San Isidro, El Rastro, la Taberna de Antonio Sánchez y tapear en el barrio de La Paloma son cuatro ideas bien castizas para recordar a Madrid en estas fechas. Y si nos alejamos de los centros destinados a las celebraciones más “típicamente españolas”, siempre nos alcanzará el olor, el sabor de Madrid que en esos días sabe como nunca a comida y bebida.

 

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